Cuando las heridas hablan: Claudia Marcucetti

Recientemente me preguntaron, qué estaba leyendo, a lo que respondí Heridas de Agua de Claudia Marcucetti Pascoli. –¿Por qué elegí ese libro?– Creo que de entrada su título me atrapó, más tarde, de boca de la autora supe que como ella me explicó fueron sus propias heridas las que hablaron cuando escribió. Para Claudia, este libro debe ser una catarsis insospechada. Heridas de agua es un libro sorpresivo. Tras sus dos publicaciones anteriores, este libro la viene a consumar como toda una escritora de tiempo completo. Una profesional del arte de escribir que revela su madurez como mujer y como autora. Su tono es distinto, el tema es sorprendente y la manera de involucrarnos en la novela –cargada de detalles– la hace una maestra en el arte de cautivar al lector pues atrapa, desde su primer página, provocando el entusiasmo por no parar y devorar la historia, página a página, con ansias de llegar al final pero, al mismo tiempo, el sentimiento opuesto y vivo porque que no se acabe. Digo que debe ser una catarsis insospechada por el duro camino que le ha tocado andar. Ha sufrido la pérdida de quien fuera su joven marido quedando viuda a muy temprana edad. Años más tarde, en el mismo año y el mismo mes, perdió a su madre, a su padre y a su mejor amigo. La literatura le ha acompañado en este largo duelo y parece que Heridas de Agua, aunque no es un libro autobiográfico, le ha ayudado a ser un bálsamo creativo, pues todo ese remolino de sentimientos, supo encausarlo para llegar finalmente a una extraordinaria novela. Aunque Claudia no tenía entre sus planes publicar un libro, decidió explorar –aún más– el terreno de la imaginación, y comenzó a trazar un sendero literario, convencida de que el llanto es un remedio excelente para el alma, mientras que el humor es uno de los mejores antídotos para sobrevivir a la realidad. Heridas de agua es su tercer libro publicado y su segunda novela. Hoy, acompañadas de un buen té con la fría amenaza de lluvia, me cuenta sobre ella.

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“…Fui construido para alimentar a quienes llegaron a un nuevo mundo, pero también para unir gentes distintas en un solo pueblo y formar con ellas primero un reino, después un país. Y eso hice, con puntualidad y esmero, durante siglos. Siglos que avanzaron lentos y ajenos, sin que me afectaran particularmente ni las transformaciones que sufrí, ni las historias que llevo grabadas en mis muros, ni las que tuvieron lugar fuera de ellos. En este largo periodo observé a los hombres, seres frágiles y defectuosos aunque capaces de proezas tales como la de mi concepción, nacer, morir, amarse, odiarse y hasta matarse. Sin embargo no me enfrenté a mi propia existencia hasta el día en que una mujer decidió sepultar su cuerpo en mi suelo, pasear su espíritu por mis espacios y quererme como nadie lo había hecho antes. Gioconda es su nombre y fue con su muerte que me dio vida, volviéndose mi madre, mi hija, mi amada… y mi fantasma…”

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¿Cuánto tiempo te tomó escribir este libro?

Comenzó a gestarse en mi cabeza y me tomó como tres años poner la primera palabra sobre una hoja. A partir de esos tres años, me tomó ocho más concluirlo. No fue un proceso continuo, me atoré, la vida me detuvo, continué, pasaron muchas cosas en el intermedio. De hecho, en ese inter escribí otro libro, Los Inválidos, pero Heridas de Agua tuvo su propio ritmo.

¿Cuál es la anécdota del libro?

En 1529, Hernán Cortés mandó a construir el molino de Santo Domingo, uno de los primeros del Continente Americano. Levantado sobre las ruinas de un antiguo templo prehispánico, el molino se convierte en testigo de secretos, sueños e ilusiones de quienes lo habitaron. En el siglo XIX, llega a vivir a ese sitio Gioconda Cattaneo, una mujer de carácter rebelde e indomable que viaja desde Nápoles, Italia, a la ciudad de México, con la esperanza de que su nueva vida le depare aventuras y un amor apasionado. La trama arranca con su muerte, ocurrida en circunstancias que despiertan sospechas. ¿Se trató de un accidente, un suicidio o un asesinato?

Tú eres italo-mexicana y curiosamente tu protagonista lo es también ¿es autobiográfico?

No es autobiográfico. En efecto, me identifico con muchas cosas de Gioconda, pero no es que seamos la misma. Siento empatía por su rebeldía, su ímpetu y, sí, su país de nacimiento, pero yo soy mexicana, llegué aquí muy chiquita, de trece años. Tras la separación de mis padres, mi madre quiso poner un océano de por medio y vinimos a México. Así que yo me siento más mexicana, llevo más de la mitad de mi vida acá.

La novela está situada en Tacubaya, justo en el Molino, ahí por Observatorio, donde existe un lugar que es como un oasis con un área verde sorprendente y unas casas fantásticas, en medio de tierra de nadie. ¿Tú viviste ahí?

Sí, viví diez años ahí y no paraba de preguntarme: “¿Qué vieron estas paredes?” Me atrapó el lugar y creo que –desde entonces– mi cabeza empezó a imaginarse distintas historias sobre ese lugar. El molino de Santo Domingo es el hilo conductor de la novela, centrada principalmente a finales del siglo XIX, durante el Porfiriato. Esta relevante construcción es el escenario en el que se alternan vivos y muertos, episodios reales y pasajes ficticios, personajes de época y memorables seres novelescos que le dan aliento a cada página. Pero, además de ser el lugar donde se desarrolla la mayoría de la acción de Heridas de agua, el molino es una de las voces narrativas que reflexiona sobre el quehacer de los hombres, desde su perspectiva. Esta voz, completamente original, nos muestra a un edificio que cobra conciencia, participa activamente en los acontecimientos que en él ocurren y se humaniza al fusionarse con su dueña, la protagonista, Gioconda Cattaneo, por quien dará todo, hasta sus últimas vigas, tratando de rescatarla, incluso de sí misma.

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“…Todo para descubrir que de nada servía matarse ni morirse. El alma no muere. Se retuerce, se ensucia, se viste, se azota, se pierde, se desnuda, se amarga y se cuelga de la vida para no desprenderse de ella jamás. Y Dios sin aparecer. Y Gioconda sin poder pararse del suelo de la calzada que llevaba al pueblo de Tacubaya…”

Durante la novela, das una importancia relevante a la historia de México, le das cabida a momentos históricos de nuestro país.

Sí, a través de la novela mezclé hechos reales con la ficción, lo cual –a mi parecer– enriquece mucho la historia. Realicé investigaciones muy detalladas para poder incluirlas en la novela, tanto que, al final, tuve que sacrificar mucha información que obtuve. Hice una vasta investigación, usé muchos documentos, con la idea de hacer de ella una parte integral de la lectura. Que la lectura avanzara a través de los documentos. El subtexto de esto es que la palabra escrita subsiste a través de los documentos, a pesar de que los modos de hablar cambian pero en el fondo no la palabra. A pesar de que la tecnología avanza, siempre le da más lugar a la palabra escrita. Encontré desde cartas, hasta muchísima documentación que fui hallando e incorporando, además de las experiencias personales de brincar la cerca de Río Blanco acompañada por un amiga porque no me dejaron entrar de manera legal a investigar. ¡Imagíname!

El personaje de Gioconda tiene más presencia como fantasma que viva ¿crees en los fantasmas?

Creo no creer en fantasmas y, como escribo instintivamente, lo primero que escribí fue esa participación fúnebre de la protagonista, así que hasta a mí me sorprende. Creo que, al final, mi convicción es que sí hay algo más después de la muerte. Creo que nos transformamos y, en ese proceso, suceden muchas cosas. Tuve unas experiencias cuando viví en el Molino, que yo no había verbalizado hasta que salió este libro. Tuve un sueño, una pesadilla, en la que desperté gritando. Fue como si estuviera nevando en el cuarto y sentía que alguien se sentaba en mi cama y que se metía en mi cama. Todo eso lo ignoraba porque si no, no había manera de seguir viviendo ahí.

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“…Recordar, tenía que recordar. Recordar para olvidar. Y recordaba: el agua. Su cuerpo hundido en el agua. Agua por todas partes. Agua en su piel porosa. Agua entrando en sus vísceras. Agua borrando sus ideas. Agua acariciando su pelo. Agua mojando una hoja de libro arrancada, con un verso recién leído…”

¿Estás satisfecha con esta novela?

Es un logro, pero nunca estoy satisfecha. La única manera de vivir dignamente –como ser humano– es nunca detener mi búsqueda. La literatura es una compañera de búsqueda. Lo que está publicado ya acabó, yo ya hice mi trabajo y estoy lista para lo que sigue.

Testigo del acontecer nacional desde el siglo XVI (momento de su fundación) hasta nuestros días, el molino es el punto de partida para descubrir a un México que, más allá de todas las transformaciones que experimenta a lo largo del tiempo, sigue siendo el mismo, siglo a siglo, con luchas, crisis, opresión y con personajes fascinantes, que también repiten su propia historia.

Con un estilo esmerado y una narrativa ágil, la pluma de Claudia Marcucetti Pascoli nos lleva a descubrir el esplendor y los claroscuros de los momentos cruciales de la historia mexicana el Porfiriato, la Revolución, la Reforma y el final del siglo XX pero, sobre todo, recrea personajes que avanzan entre pasiones, incertidumbres, sueños y conflictos para mostrarnos cómo su historia, al igual que la del país, vuelve una y otra vez, formando una eterna en espiral.

HERIDAS DE AGUAHeridas de AguaEditorial SUMA

Disponible en librerías a nivel nacional.

www.claudiamarcucetti.com

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 *Fotos Luis García / TW: @LuisGarcia80