Conversaciones en la cantina: Fernando Botero Zea

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Esta noche ha sucedido el lanzamiento de un libro que representa mucho para mi. Como editora de la revista Estilo México he tenido la oportunidad de editar una sección titulada En la cantina con… un espacio dentro de la revista que, mes a mes, presenta de manera muy casual a personajes de gran relevancia, líderes de opinión. Fernando Botero Zea, CEO de Grupo Editorial Estilo México, es quien desde hace 10 años se ha hecho cargo de esta sección. Esta es una ocasión especial, el entrevistador siendo entrevistado. Me encontré con Fernando, previo al lanzamiento del libro en el restaurante Bellopuerto, en Polanquito. Ahí, nos instalamos sin ningún rigor ni prisa por iniciar la entrevista formalmente. Platicamos –como siempre sucede en esta sección– dos personajes que conversan entre amigos. Botero, tras 10 años de realizar mensualmente su entrega editorial, se ha lanzado al ruedo compilando las 33 mejores entrevistas que impactan, por su contenido, en la historia de México. El resultado, su libro Conversaciones en la cantina, el cual ha sido un éxito rotundo y ya va por su segunda impresión. Cabe mencionar que otra de las razones por las que esta ocasión me siento muy honrada, es porque fui invitada a escribir el epílogo del libro, así que como verán son muchas las razones por las que los invito a leerlo.

 

Empecemos desde el inicio. ¿Cómo surgió la idea de hacer este libro?

Vamos a hacer un poco de historia. Cuando nació la revista Estilo México –a finales de 2003– hace ya casi diez años, se nos ocurrió la idea de incluir una sección de entrevistas con el título de En la cantina con. La idea era hacerle entrevistas a los grandes personajes de México fuera de su oficina o lugar de trabajo. Lo que no queríamos, precisamente, era una entrevista convencional, acartonada o formal. Queríamos innovar y hacer algo diferente. Así las cosas, ¿qué mejor que hacer las entrevistas en una cantina, el más mexicano de los escenarios posibles? Ya entrados en gastos, ¿por qué no desarrollar las pláticas al calor de un par de tequilas?

¿Cuál era el propósito detrás de eso?

Para mí, el contexto de una conversación es absolutamente definitivo. La calidad, el alcance y la franqueza de una conversación es radicalmente diferente en una oficina o despacho público –para poner un ejemplo– que en una cantina. Lo que yo buscaba era llegar al escenario más propicio para una conversación abierta y franca sobre los temas fundamentales de México. En últimas, el propósito era entender al país desde la óptica de los grandes protagonistas y los grandes analistas de la vida nacional.

¿Quién fue el primer invitado a la cantina?

La verdad es que este planteamiento editorial que te estoy describiendo fue muy audaz. Por eso mismo, quisimos empezar con una persona de confianza. Mi primer invitado a la cantina fue el escritor Carlos Tello Díaz con quien teníamos –y tenemos– lazos de amistad y sentimientos de admiración. En forma instantánea, Carlos asumió el reto. Nos fuimos a la cantina El Mirador, en la colonia San Pedro Chapultepec, justo en frente a las rejas del Bosque de Chapultepec. Recuerdo perfectamente que, para ese entonces, a El Mirador no podían entrar las mujeres. Estamos hablando de la típica cantina mexicana con meseros vestidos de blanco, amplias mesas, juegos de dominó, música de boleros y rancheras de trasfondo, y un ambiente ruidoso y divertido. Ahí, en medio de una comida casera de muy buena calidad y un par de rondas de tequila, hicimos la primera conversación en la cantina.

¿Cuál fue el resultado de ese experimento editorial?

La verdad es que esa entrevista generó un resultado editorial muy positivo. Nos dimos cuenta que habíamos encontrando un filón editorial muy fecundo, muy rico y muy promisorio. Y ahí empezó un proceso que lleva diez años en el cual he podido llevar al escenario de la cantina a docenas y docenas de las grandes personalidades de México.

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Me estás contando la historia de la sección En la cantina en la revista Estilo México. ¿Qué te llevó a hacer el libro que acabas de publicar con el titulo de Conversaciones en la cantina?

Desde hace años, tenía la certeza de que todas las entrevistas que había hecho a través de los años representaban, en su conjunto, una verdadera joya editorial. Y no obstante, no tenía claro cómo utilizar ese material tan valioso. Hasta que me llegó el chispazo.

¿Cómo?

A principio de 2012, hice un viaje al Desierto de Sonora. Por las mañanas, había una gran actividad porque estábamos haciendo vuelos en paramotor por encima de la Isla Tiburón. ¡Conoces bien mi fanatismo por los deportes extremos! En las tardes, no había mayor actividad y lo que hacía era tomar largas caminatas por el desierto. Ahí, en ese ambiente maravilloso, en la quietud del desierto, se me ocurrió la idea de que podía escribir un libro sobre la historia reciente de México, la historia que viví en este país desde que llegué en 1999, y que ese libro debía girar en torno de las entrevistas que había hecho a través de los años.

¿Qué viste de esa historia reciente de México?

Muchas cosas. Para empezar, es claro que la historia más reciente de México, y me refiero a la historia de México en estos doce o trece años del siglo XXI, es apasionante. Eso por un lado. Y, por el otro, empecé a ver con mucha claridad, con una claridad meridiana diría yo, que la historia reciente de México está determinada por cinco temas fundamentales.

¿Cuáles serían esos temas?

Son los siguientes. En primer lugar, la elección presidencial del 2000 que marca el fin de un largo periodo de 71 años de hegemonía del PRI en el poder y el inicio de lo que se vino a llamar después la alternancia o alternación democrática. Segundo, la altamente cuestionada elección del 2006 que polarizó la política mexicana en un clima de conflicto político y deslegitimación institucional. Tercero, la gran crisis financiera del 2008 que afectó a México más que a cualquier otro país importante en el concierto internacional. Cuarto, la guerra con el narcotráfico a lo largo del sexenio del presidente Calderón. Quinto, el paradójico regreso al poder del PRI en 2012 después de una travesía de doce años por el desierto. Son los cinco temas que dominan por completo la historia reciente de México.

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¿Qué sigue en el proceso de armar tu libro?

Con esta visión de la historia reciente de México, empecé a seleccionar las entrevistas que dieran más luces sobre los grandes eventos de este periodo. Rápidamente, me di cuenta que había dos grupos claramente diferenciados. Por un lado, los grandes protagonistas de la vida política nacional, y por el otro lado, los grandes analistas de nuestro quehacer político. El libro acabó siendo una larga conversación sobre México, su presente y su futuro, con los forjadores de la historia de México y los grandes observadores de este mismo proceso histórico.

Está claro el proceso que te llevó a crear Conversaciones en la cantina. Quisiera preguntarte por las enseñanzas y las lecciones. ¿A qué conclusiones llegaste después de hacer todas estas entrevistas y después de escribir el libro?

Al escribir el libro, al repasar las entrevistas, y al volver atrás sobre conversaciones muy reveladoras, y hasta íntimas, que tuve con mis invitados a través de los años, derivo varias conclusiones importantes. La primera es que no hay una gran evolución en los temas de la vida nacional de México. Para decirlo muy francamente, no hay un cambio significativo en los temas de la agenda nacional entre 2003 y el presente. Desde luego que los temas de coyuntura cambian radicalmente y son completamente diferentes de un año al otro, y aun de una semana a la otra. Siempre estamos adictos al periodicazo o al escándalo del momento. Pero los temas profundos de la agenda nacional son esencialmente los mismos.

¿En qué sentido?

Todos los entrevistados mencionan la importancia de las llamadas reformas estructurales que necesita México. Todos señalan con alarma la progresiva pérdida de la competitividad de nuestro país en el concierto internacional. Todos lamentan los males de la violencia, la pobreza y la corrupción que ensombrecen la vida nacional. Eso, para darte un ejemplo.

¿Acaso no se trata de un fenómeno universal o de un fenómeno propio de la vida política?

Para nada. Y aquí está la parte interesante. Esta falta de evolución en los grandes temas nacionales parece ser muy propia de México. En muchos otros países, los temas fundamentales tienen cambios importantes a través del tiempo. Te doy un par de ejemplos. A comienzos de este siglo, en los Estados Unidos el tema fundamental era el terrorismo y la lucha contra sus aliados estratégicos en el mundo entero. Hoy, el tema principal es la crisis económica, el desempleo y los déficits públicos. En Europa, en este mismo periodo, pasamos de una preocupación de fondo sobre el medio ambiente a una inquietud actual sobre el desmonte gradual del estado benefactor, la solidez del euro y los programas de austeridad en el gasto público. En ambos ejemplos es evidente la evolución en los temas. México marca un contraste al carecer de esa misma evolución.

¿Qué hay entonces detrás de este fenómeno?

La sensación que me queda es que, con frecuencia, el país no avanza porque no logra darle solución a los temas que le son propios. Hay progreso y avances, desde luego, pero no parece haber ese jaque mate que permite resolver, de una vez por todas, un tema de envergadura nacional. Dicho en términos taurinos, el país hace la faena pero de alguna manera mete pinchazo tras pinchazo a la hora de la verdad en lugar de meter la estocada a fondo. ¿Hace cuánto no se habla de la reforma energética o la transformación de Pemex o el redimensionamiento del sector educativo o del desmonte de los monopolios empresariales y sindicales? La verdad es que sobre estos temas, y muchos otros, se habla sin cesar sin que suceda realmente nada de fondo. Así las cosas. La falta de evolución en los temas de la agenda parece ser el espejo de la falta de evolución de México mismo.

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¿Qué otra conclusión quisieras compartir?

Otra gran conclusión es la siguiente: En México, los escenarios apocalípticos no se convierten en realidad. Me explico. Al comentar los problemas de México, una parte mayoritaria de mis entrevistados me dibujó escenarios dramáticos para el futuro del país. Te doy ejemplos. En el tema del medio ambiente, México se quedaría sin agua y sin bosques. En el tema de la economía, la crisis internacional de 2008 llevaría al país al abismo financiero y al infierno macroeconómico. En el tema de la migración, la recesión americana inundaría a México con docenas de millones de paisanos regresando hambrientos a su país de origen. La elección de 2006, por sus cuestionamientos, generaría una lucha de clases y una completa deslegitimación del sistema político mexicano. El regreso del PRI al poder en el 2012 le daría marcha atrás al reloj de la Historia para colocarnos en las más abyectas profundidades de la corrupción y el autoritarismo. El eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2006 o en 2012 sería equivalente a importar el modelo de la revolución bolivariana de Hugo Chávez a nuestro medio. Y así sucesivamente.

Es parte del discurso político mexicano.

Desde luego que sí. Pero lo único cierto es que los escenarios apocalípticos no se convirtieron en realidad. Parece ser un punto más que obvio. Y, sin embargo, es interesante señalar que esos mismos escenarios –dramáticos, extremos, apocalípticos– son los que forman parte integral del discurso político de los principales protagonistas de la vida nacional, o de los argumentos de los analistas y periodistas de México para sustentar su particular visión de las cosas. No queda más remedio que entender que los escenarios extremos tienen enorme presencia en el discurso público mexicano tanto como escasas o nulas posibilidades de llegar a formar parte del futuro de México. Agregaría yo que por fortuna ello es así.

Al desarrollar las conversaciones en la cantina, ¿qué sensación te queda de la calidad de los grandes líderes e intelectuales de la vida pública de nuestro país?

La tercera gran conclusión del libro tiene que ver con tu pregunta. Mi conclusión es la siguiente. En México hay una gran lucidez en el análisis y algo de pobreza en el planteamiento de las soluciones. Me explico. Mi libro contiene las entrevistas con 33 de los personajes más inteligentes y mejor informados de México. De lo que no hay duda es que hay abundancia de materia gris entre los invitados a la cantina. Estamos hablando de 33 personalidades brillantes y estructuradas que han alcanzado posiciones de supremacía en la política o en los medios de comunicación. En mi opinión, esta inteligencia colectiva se manifiesta, sobre todo, en el diagnóstico de la situación particular de México. Con diferentes variantes, mis entrevistados desarrollan un análisis lúcido y profundo de los males que aquejan a la sociedad mexicana. En lo que los personajes se quedan cortos, casi sin excepción, es en el desarrollo de un programa, o de un conjunto de ideas, para superar los males de la sociedad. Por eso hablo yo de que hay lucidez en el diagnóstico de la situación particular de México, pero también pobreza en el planteamiento de las soluciones.

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¿Por qué lo dices?

Por lo siguiente. Con frecuencia, los programas y políticas que se ofrecen se quedan en el nivel de los enunciados sin entrar en profundidad. En otras ocasiones, se presentan al interior de lo que llaman los americanos la sabiduría convencional, donde sobran las generalizaciones y es escasa la creatividad.

No me queda claro. ¿Me podrías dar un ejemplo?

Un buen ejemplo de lo que estoy diciendo es la lucha contra el crimen organizado que emprendió el gobierno del presidente Calderón. En casi todas las entrevistas que realicé después de 2006 toqué el tema extensamente en mis cuestionarios. En las respuestas, el apoyo hacia la política del gobierno era casi universal. Con unas pocas excepciones, todos los entrevistados estaban de acuerdo con el objetivo de enfrentar a las organizaciones del narcotráfico y luchar contra las mafias criminales de México. En el siguiente nivel, justo debajo del objetivo general, empezaban las críticas y los cuestionamientos, casi todos ellos sacados del mismo cesto de basura de la sabiduría convencional, a saber, que no era oportuno meter al Ejército Nacional en el tema de las drogas, que era mejor privilegiar la inteligencia que la fuerza en el combate a la mafia, que había que mejorar la calidad de las fuerzas de policía y fortalecer las instituciones de la justicia. Hasta ese nivel llega el análisis y el esfuerzo propositivo, limitados quizás por lo que llamaba Nixon “la pereza intelectual”.

En tu opinión, ¿qué es lo que hace falta?

Lo que falta es ir un paso más. Lo clave, y lo que mueve la conversación hacia adelante, radica en el “cómo” detrás de las propuestas. Miremos el tema con mayor profundidad y sigamos con el mismo ejemplo. Si no es oportuno que el ejército haga presencia en la lucha contra el narcotráfico, ¿cuál sería entonces la forma para remplazar el ejército en ese empeño? Si se trata de privilegiar la inteligencia sobre la fuerza bruta, ¿cómo se logra eso en la práctica? Si es necesario reformar a la policía, ¿cómo se puede lograr eso en el contexto legal, administrativo, sindical y político de México? Si vamos a fortalecer a la justicia, ¿cuáles serían las políticas y los procedimientos que nos llevarían hacia ese meta y ese fin? Es en este nivel que la calidad del debate público deja mucho que desear.

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En el libro dices que los mexicanos vemos el vaso de agua medio vacío en lugar de verlo medio lleno.

En la política, como en la vida misma, hay dos formas de ver las cosas. Como se dice coloquialmente, se puede ver el vaso medio lleno o el vaso medio vacío. La cantidad de agua dentro del vaso es exactamente la misma. Pero caben interpretaciones radicalmente diferentes sobre esa realidad que está frente a nuestros ojos. Con respecto de mis conversaciones en la cantina, en sentido muy amplio diría que mis invitados ven a México con el vaso medio vacío. La visión general es la de un país que está asediado por las dificultades y amenazado desde todos los flancos. Lo que prima es una visión bastante negativa de la situación actual de México.

¿Acaso no es así? En México hay muchos problemas.

No estoy desconociendo los problemas del país. México tiene su problemas como cualquier otro país. Lo que quiero resaltar es que existe también otra cara de México, una cara que se ve más desde afuera que desde México mismo.

 

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¿Me puedes dar un ejemplo?

Con gusto. En materia económica muchas de los bancos de inversión de Wall Street ven un inmenso potencial de nuestro país en las próximas décadas. Para citar apenas un ejemplo, Nomura Equity Research hace poco hizo la predicción de que México superaría a Brasil como la economía más grande de América Latina en el curso de los próximos diez años. Varias entidades multilaterales y bancos de inversión sitúan a México como una de las siete principales potencias económicas del mundo para el año 2050. Son apreciaciones muy serias que parten de los llamados factores de éxito de México: los eficaces programas sociales, la fortaleza del sector manufacturero, la existencia de numerosos subsectores de actividad económica de clase mundial y tecnología de punta, el bajo desempleo, el excelente manejo de la economía y el hecho de ser la economía más abierta de América Latina.

Lo que estás diciendo es que prima en México una visión negativa del país cuando hay argumentos sólidos en sustento de una visión mucho más positiva.

Exactamente. Esta realidad positiva de México que se ve desde afuera, y que está documentada extensamente en las cifras y números duros del país, es también la realidad de México. Por eso mismo, no deja de impresionarme cómo los dirigentes políticos de nuestro país, así como los más destacados periodistas de México, dejan de lado tanto aspecto positivo y promisorio de nuestra realidad en su discurso público. Es como si todos estuvieran atrapados en una dinámica más fuerte que los lleva inexorablemente a ver al país solo por el prisma de lo negativo. Nuevamente, una visión del vaso medio vacío cuando hay torrentes de agua cayendo providencialmente sobre México.

 

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Conclusiones de Fernando sobre la experiencia de realizar Conversaciones en la cantina:

  • La calidad y el alcance y la franqueza de una conversación es radicalmente diferente en una oficina que en una cantina.
  • Tenía la certeza de que mis entrevistas representaban una verdadera joya editorial.
  • Conversaciones en la cantina acabó siendo una larga conversación sobre México con los forjadores de la historia de nuestro país y con los grandes observadores de este mismo proceso histórico.
  • Dicho en términos taurinos, el país hace la faena pero de alguna manera mete pinchazo tras pinchazo a la hora de la verdad en lugar de meter la estocada a fondo.
  • En México los escenarios apocalípticos no se convierten en realidad.
  • En México hay una gran lucidez en el análisis y, a la vez, pobreza en las soluciones.
  • En mis conversaciones en la cantina me di cuenta de que mis invitados ven a México con el vaso medio vacío en lugar de medio lleno.
  • Prima en nuestro país una visión del vaso medio vacío cuando hay torrentes de agua cayendo providencialmente sobre México.

*fotos: @carmadrid y @LuisGarcia80