El último de los surrealistas: Alan Glass

Cuando conocí su obra, imaginé un joven alocado y extraño. Cuando lo conocí a él, descubrí todo lo contrario. Alan está cumpliendo 80 años, y él y su obra son sorprendentes. Mi estrecha cabeza necesito hablar con él para comprender cómo en ese hombre habitaba ese mundo sin límites, reglas ni prejuicios: imaginación en absoluta libertad. Glass cuenta con una vida extraordinaria, se codeo con la crema y nata de los artistas más prominentes del siglo XX y, no solo eso, sino que es parte de esta camada de talento. Alan es un hombre extraordinario. Es fácil sentirse conectado con él, porque su espíritu, como él mismo lo dice, es el de un chamaco. Los años han hecho lo suyo con su aspecto físico, pero él sigue siendo un niño porque él nació artista. Visitar su casa es viajar a otro mundo, tal vez sea como entrar en su cabeza, en su mente. Alan es un coleccionista de lo que sea que le inspire, que le comunique, atesora inimaginables objetos, que con suerte para alguno de ellos mañana serán parte de alguna de sus obras. Su amor por México nació cuando descubrió una colorida calaverita de dulce y fue entonces cuando supo que éste sería el país en el que viviría por siempre. Conocerlo más y platicar con él es un privilegio, pues sin duda Alan es, en vida, el último de los grandes surrealistas.

 

DSC_7326_al estilo alan glass

 

Alan no tiene un estudio o taller formal como muchos artistas, su casa es su estudio, o su estudio es su casa y lo digo porque es difícil distinguirlo, cruzar la puerta a su hogar es entrar a un mundo desconocido, en el que hay mucho por descubrir, cada detalle, cada objeto son una historia, todo tiene una razón de estar. Entre un laberinto de obras llegamos al comedor y ahí arrinconados Alan y yo platicamos de su vida, su obra y sus planes. Un café, agua y uvas frescas estuvieron al centro de nuestra conversación para así tener algo más que compartir.

Glass nació en Montreal Canadá en 1932, estudió en la escuela de Bellas Artes de Montreal y al concluir sus estudios a los 19 años se fue becado a París, en donde pasó 10 años de su vida. Eran otros tiempos, otro París, otro mundo. Y en aquél tiempo Alan sólo era un muchacho que caminaba por las calles parisinas con su cuaderno de dibujo y un bolígrafo para dibujar, dibujar y dibujar. Su acercamiento al mundo surrealista fue casi de inmediato, pues desde muy pequeño él se sintió fascinado por su imaginación, tanto que nunca ha estado dispuesto a renunciar a ese inocente talento que todos tenemos desbordadamente en nuestros primeros años. Apenas con veintitantos años consiguió un trabajo en un club de jazz.

 

Captura+de+pantalla+2012-11-19+a+la%28s%29+15.16.42

“Me contrataron para recibir a la gente que visitaba el club, era un lugar muy exclusivo y de moda, también fungía como filtro para dejar pasar de manera inmediata a la gente importante y no permitirle el acceso a las personas que, según los dueños del club, no correspondían con el perfil que querían en su concurrencia. Pero para mí, sólo existían mis dibujos. Recuerdo que ahí parado en la entrada yo pasaba horas concentrado en mis dibujos, dibujando. Yo no me fijaba en quiénes eran las personas que querían entrar al club, así que en más de una ocasión no reconocí a la gente, no dejé entrar  al Príncipe de Mónaco, a Charles Chaplin, al Príncipe Bernard de Holanda. Los meseros se arrancaban los pelos y me decían Alan tienes que ser fisonomista, a estas personas tienes que dejarlas entrar. Luego me despidieron”.

 

Ríe a carcajada suelta recordando aquella travesura involuntaria. Aún estando en París llegó la primera exposición de Alan para la cual recibió todo el apoyo de nada más y nada menos que de André Bretón. Sin embargo Alan sabía que su historia artística e incluso su vida no estaban confinadas a pasarla en tierras europeas. Su amigo desde aquél tiempo e inseparables de aquellos días era el también entonces joven escritor Alexandro Jodorowsky.

 

DSC_7270_al estilo alan glass

“Alexandro trabajaba con el mimo Marceau. Él me iba a ver cuando yo trabajaba, pasaba por mí y de ahí caminábamos para acompañarnos hasta la calle en que teníamos que separarnos para cada quien ir a su casa. De camino, me acuerdo que siempre parábamos en un bistró llamado Claro de Luna y comprábamos un cucurucho de papas fritas y la señora que nos atendía, con una sonrisa tierna y una mirada que delataba su complicidad, siempre nos daba un puño extra de papitas. Y entonces decíamos: ‘Todo lo que pedimos en la vida es un puñito extra de papas fritas’”.

 

En pocos años su amigo entrañable Jodorowsky se mudó a México y entonces llegó la invitación que cambiaría su vida. Alexandro lo invitó a tierras aztecas y Alan Glass intrépido, temerario y libre se embarcó en un buque de carga hasta llegar a nuestro país. Y entonces todo cambió. Su primer encuentro con la Cultura Mexica fue una calaverita de azúcar, muy bien decorada, colorida y tal vez con el algún nombre en la frente. Azorado por el surrealismo de esta expresión popular, única y extraña supo entonces que era en México donde quería estar.

 

alan-glass2

“Amo México desde el primer momento, aquella calaverita de dulce me asombró tanto que viajé por muchos lugares del país para armar una colección de calaveritas. Son una maravilla. México es increíble es muy surrealista, una vez, en uno de estos viajes, íbamos rumbo a Veracruz y nos detuvo una patrulla, yo llevaba un loro, un perico y me preocupé porque supuse nos detendrían por falta de permisos para poseer y trasladar una ave, pero no. El policía dijo ‘¿qué llevan en esa caja?’, le respondí –unas calaveritas de azúcar– y entonces me respondió –‘¡ah! Eso no lo pueden hacer, hay una ley que prohíbe sacar calaveras de azúcar del Distrito Federal’– puedes creerlo. ¡Hasta la policía es surrealista!, se inventó una ley, y claro nos sacó una ‘mordida’ México es sorprendente”.

Al año pensó en volver a París, sólo para confirmar que era México el lugar donde debía estar.

DSC_7281_al estilo alan glass

“Volví a París y ya no soportaba París, extrañaba México. Me conquistó. Me sedujo. Son cosas que no tienen que ver con la razón, pasan, suceden. Mis años en París habían terminado. En México encontré espacio, tolerancia, libertad, en Europa todo es chiquito. Vi tierra fértil para mí y mi obra. En México todo es surrealista, hay muchas cosas que el mexicano no ve. Un día vi a un señor empujando una carretilla y en ella llevaba algo que iba quemándose, llevaba llamas, ¡era un hombre empujando fuego! Otra ocasión que me sorprendió fue mirar a un vendedor de miel que llevaba sobre su cabeza un sombrero de paja, y sobre éste panales, de sus dedos pendían unos hilos y al cabo de ellos llevaba pomitos de miel y gritaba ‘mieel, mieeel’ mis ojos no daban crédito”.

 

Para la obra de Alan, México representa la tierra prometida. Pues la expresión de color y manifestaciones populares artísticas han dado al artista innumerables inspiraciones y han alimentado su imaginación. Ya corría la década de los 60’s y Alan estaba decidido a vivir en México. Fue en 1966 cuando con Antonio Sauza, el afamado galerista de aquellos tiempos, tuvo su primera exposición en este país. La situación política en esos años para México era álgida, sin embargo, Alan se concentró en seguir creando. En un viaje a la India durante el 68 cercano al evento de la matanza de Tlatelolco, así como de la inauguración de la Olimpiadas, fue invitado por Octavio Paz a su casa, después tuvieron una reunión con poetas de Calcuta, sucedían los eventos culturales propios de una embajada. Para en pocos días escuchar de Paz que ya no era embajador, que después de lo de Tlatelolco él había renunciado.

 

DSC_7345_al estilo alan glass

“En ese entonces en México existía un gran amor por la escuela del mexicanismo, por la obra de Rivera, Siqueiros, Orozco, los grandes muralistas. Y a mí la que me gustaba era la obra de Frida, todos me veían mal cuando decía que me gustaba la obra de Kahlo, me decían ‘cómo te puede gustar esa pintorcilla’ pero yo no fui amigo de ellos ni me sume a su escuela, yo con quien me sentía identificado fue con la escuela de la ruptura, con todos los que hicieron el cambio y que tenían una nueva propuesta con su obra. Leonora Carrington fue una gran amiga desde que llegué a México, fuimos amigos hasta su muerte. Manuel Felguerez, Alexandro Jodorowsy, su esposa Denise, Fernando García Ponce y Juan García Ponce éramos el grupo de amigos de aquellos tiempos. La bohemia de esa época era fantástica, no había día de la semana que no hubiera fiesta, en ellas no hablábamos mucho de pintura, no se discutía de lo que uno hacía, había solidaridad, era solidaridad de seres humanos.”

 

Y a pesar de que la política fue el tema de muchos artistas del siglo pasado, Glass, siempre mantuvo su rigor político ceñido a su opinión personal, pero jamás a su obra.

 

Captura+de+pantalla+2012-11-19+a+la(s)+15.16.09

“No hay política en mi obra. A la política le tengo mucha desconfianza.  A mí lo que me inspira es lo desconocido, el subconsciente, la imaginación, como decía un poeta francés que admiro enormemente ‘Imaginación, qué no eres tú la cosecha que precede la siembra’, cuando nos convertimos en adultos los prejuicios privan la libertad de la imaginación, hay que quedarse niño, envejecer sí, pero hay que seguir viendo las cosas como niño y en México se encuentra mucha gente así. Soy un chamaco. Por eso amo México. Estoy a punto de ser mexicano legalmente y eso me tiene muy emocionado, claro he sido mexicano de corazón desde siempre.”

 

Alan es muy joven eso de los 80 años es sólo un número, una manera de medir el tiempo, pero para él cada día es diferente, uno nuevo, sus ganas por crear e ir de un piso a otro dentro de su casa hasta encontrar la pieza perfecta para su nueva obra no es un problema. Todos los día por la mañana desayuna, toma café y fuma un puro, del que acompañado planea cuál será su día. No le gusta que suene el teléfono por la mañana, pues es cuando su mente está más ocupada.

Con motivo de celebrar sus 80 años, Alan Glass cuenta con una exposición en la Galería López Quiroga en Polanco. No te pierdas la oportunidad de conocer la obra del último gran surrealista.

 

DSC_7356_al estilo alan glass

“Tengo la impresión de que siempre estoy empezando, siento que todo está por hacerse. Estoy feliz de mi vida y lo que hago, aunque a veces también me sorprendo de lo que hago, nunca pensé en dedicarme a otra cosa, esto es lo que sé hacer. A mis 80 años veo las cosas como si tuviera 5 y sigo maravillándome del mundo y estoy dispuesto a seguir haciéndolo”.

 

Alan Glass

16 de mayo – 6 de julio, 2013

Galería López Quiroga

Aristóteles 169

Col. Polanco

Ciudad de México

http://www.lopezquiroga.com/

fotos @carmadrid